11 de octubre de 2015

Propedéutica aparte

La Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada (UGR) acaba de anunciar la creación de un Diploma Propedéutico de Lengua Árabe: propedéutico en el sentido de preparatorio para cursar la especialidad de árabe como lengua B en dicha facultad (la única en ofrecerla en España), que tiene como nivel de partida un A2+ conforme al MCER, equivalente al Nivel Básico 2 de las Escuelas Oficiales de Idiomas. Se trata de una iniciativa encomiable en cuanto que trata de paliar lo que parece una imprevisión evidente: el árabe en nuestro país, a diferencia de otras lenguas B como el inglés y el francés, no se estudia como lengua extranjera en la enseñanza secundaria, excepción hecha de algunas experiencias aisladas, resultado de una vieja aspiración del arabismo universitario. Dicho lo cual, lo primero que viene a la mente es por qué han de ser los alumnos quienes paguen, además de su matrícula, el coste adicional (812,50 € por cabeza, concretamente) de dicha imprevisión.

La duración del curso único en que consiste este diploma es, según la publicidad de la Fundación General Universidad de Granada - Empresa, de 1.300 horas, pero se trata en realidad de 520 lectivas y 780 de estudio (equivalentes a 52 créditos ECTS), con lo que los alumnos han de dedicarle al árabe unas 8,75 horas diarias, y ello incluso en los períodos de exámenes de enero-febrero y junio; tiempo suficiente, desde luego, para alcanzar el A2 que, aunque no se mencione expresamente, tiene como meta el título, a juzgar por sus objetivos, calcados del MCER.

Insuficientes, por el contrario, tanto para el número de horas como para lograr dicha meta, resultan los contenidos del curso: once temas, salvo error u omisión, que parecen cubrir grosso modo las siete primeras unidades del célebre Al-Kitaab fii Ta'allum al-'Arabiyya I, que en opinión de sus autores, sin embargo, puede completarse, hasta la unidad 20, en "approximately 150 classroom hours, plus 200-300 hours of preparation outside class" (Georgetown University Press, 2ª ed., 2004, p. xi). De hecho, la asignatura Lengua C1 (Árabe), del mismo grado, "corresponde a las lecciones 1-8 del método Al-Kitaab fii Ta'allum al-'Arabiyya I" pero se imparte en sólo 120 horas, como la asignatura Lengua B1 (Árabe), cuyo temario se corresponde con las lecciones 8-14, y con la que es de suponer que entronca este diploma preparatorio. Mención aparte merece la ausencia de cualquier referencia al árabe dialectal entre sus contenidos, con lo que se trataría de un A2 ficticio o, al menos, incompleto, según estimemos más o menos severos los efectos de separar árabe normativo y dialectal en la enseñanza. A este respecto, es interesante hacer notar que entre los objetivos de la asignatura Lengua B1 se encuentra, de acuerdo con su guía docente para el curso 2014-2015 y parafraseando el descriptor del MCER, "desenvolverse, con relativa facilidad, en casi todas las situaciones que se le presentan cuando viaja donde se habla la lengua árabe estándar" (apéndice este de la cosecha del autor o autores del texto, que da a entender —el subrayado es mío— que hay destinos donde dicho árabe se habla comúnmente).

Más allá de estos detalles, la iniciativa de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UGR, precisamente por lo que tiene de alternativa para un alumnado al que se admite implícitamente estar exigiéndosele demasiado, debería llevarnos a ciertas reflexiones: para empezar, sobre la planificación de estos estudios, y para continuar, sobre la de aquellos cuya imprevisión no radica en el nivel de partida sino en el de llegada (cuando ya es tarde y no hay pospedéutica posible), en particular cuando la causa no parece deberse a un número insuficiente de horas lectivas. Un grado como el de Estudios Árabes e Islámicos de la UGR, por no salir de la misma universidad, ofrece la posibilidad de recibir hasta 960 horas lectivas de árabe, si bien sólo 240 de ellas dedicadas al árabe dialectal, repartidas entre un "dialecto árabe oriental" y un "dialecto árabe magrebí" (genéricos, pero aparentemente egipcio y marroquí en la práctica) con sendos niveles I (obligatorio) y II (optativo) que además no se estudian consecutivamente, sino en cuatrimestres alternos. A esas 960 horas podrían añadirse las 1080 que es posible cursar de materias como literatura, historia, sociedad y cultura del mundo árabe, hasta sumar 2040, siempre que se impartieran en un árabe adaptado, en la medida de lo posible, al nivel de los alumnos, para lo cual sería preferible concentrarlas en los últimos cursos, trasladando a los primeros, p. ej., todas las asignaturas de lengua y, particularmente, las de dialecto, que además convendría convertir en itinerarios, de tal manera que fuera posible (y no obligatorio) estudiar dos pero menos horas, o sólo uno pero el doble de tiempo.

En principio, 2040 horas parecen tiempo suficiente para alcanzar al menos un B1- íntegro. En los planes de Filología Árabe en vigor hace más de 25 años en la Universidad de Sevilla (US) eran 1440, de las cuales sólo 450 correspondían a asignaturas de temática lingüística (lengua, gramática y lexicografía) y de éstas sólo 90 al estudio de un dialecto oriental (y en el caso de mi promoción ni eso). Bien es verdad que en las de literatura (otras 450 horas) se traducía asiduamente, pero textos que, con nuestro nivel y el método empleado, en poco o en nada podían aprovecharnos, salvo para hacernos sentir en el aire. En mi caso, ya lo he contado, tuve la idea o premonición de estudiar árabe, simultáneamente, en el Instituto de Idiomas de la US, sumando 450 horas más a las anteriores, pero es que, de haber tenido la ocasión, el tiempo y el dinero, no habría dudado en matricularme también en un curso preparatorio ("título" me parece mucho decir) como el que da pie a esta entrada.

La cuestión, llegados a este punto, es qué sentido tienen carreras en las que, con independencia de la nota, o no se puede entrar o más vale no salir si no es rascándose antes el bolsillo en cursos preparatorios o paliatorios. Se me dirá, y no sin razón, que si lo primero no es muy frecuente, respecto a lo segundo ninguna inversión o esfuerzo que uno haga está de más, pero aún así convendremos todos en que ninguna enseñanza de carácter público debería supeditar a ello el logro de sus objetivos. De acuerdo con el Real Decreto 1434/1990, de 26 de octubre, "las enseñanzas conducentes a la obtención del título oficial de Licenciado en Filología Árabe" debían "proporcionar [...] un conocimiento adecuado de los aspectos lingüísticos, literarios y culturales inherentes a la lengua y a la filología árabes". Es difícil saber qué se entendía por tal o por el "conocimiento suficiente de la lengua" que debía acreditar "la realización, al final de los estudios, de una prueba general", recomendada tanto para ésta como para otras filologías (incluso la Clásica) y que ninguna universidad parece haber tenido interés, siquiera estadístico, en realizar.

Hoy todo parece más claro. Entre los objetivos y competencias de grados como el de Estudios Árabes e Islámicos de la US y su equivalente en la UGR se encuentra proporcionar a los estudiantes "una sólida formación lingüística y cultural" (US) o "una buena formación lingüística" (UGR) "que debe manifestarse en competencias y capacidades relacionadas con la práctica oral y escrita de dicha lengua [...], así como con el conocimiento suficiente de [—al menos—, US] una variante dialectal que permita [...] la comunicación y la interlocución [con facilidad y espontaneidad, US] en situaciones normales de la vida cotidiana" (UGR, US). Dicha formación se identifica, como en grados similares, con un nivel B1 del MCER que los estudiantes de la US "deberán acreditar, antes de solicitar la expedición del título", a diferencia de la UGR, que cuenta con su propio examen (creado, imagino, ex profeso, puesto que sólo acredita dicho nivel), pero del que están exentos sus estudiantes de Traducción e Interpretación y Estudios Árabes e Islámicos. De acuerdo con la lista de competencias de esta última titulación, ese B1 capacita para:
  1. Comprender las ideas principales de textos de mediana complejidad.
  2. Relacionarse con hablantes nativos con cierta fluidez y naturalidad.
  3. Escribir textos claros y concretos sobre temas diversos.
  4. Comprender las ideas principales de discursos, conferencias y medios audiovisuales.
  5. Producir oralmente textos [sic] claros y concretos.
  6. Analizar y traducir textos de mediana complejidad.
Y para desarrollar, asimismo, las relativas a la literatura y a la historia árabe e islámica, como, p. ej., "identificar y analizar las características de un texto literario" o "buscar, seleccionar y procesar la información procedente de las fuentes literarias" (siempre que no excedan, es de prever, esa "mediana complejidad").

En la Universidad de Cádiz (UCA), "el propósito concreto del título de Grado en Estudios Árabes e Islámicos es que el estudiante se desenvuelva como usuario independiente en el nivel B1 del MCERL" y entre las competencias específicas del mismo se hallan la E54 ("Conocimientos de árabe dialectal marroquí") y la E58 ("Adquisición de competencias lingüísticas suficientes para expresarse corrientemente en árabe dialectal marroquí"). No se indica en ninguno de los casos anteriores, sin embargo, y he aquí lo interesante, cuál es la relación entre ese "conocimiento suficiente" de árabe dialectal y el B1 que se debe alcanzar. En la US, como en la UGR, es obligatorio estudiar sendos primeros niveles de "dialectos magrebíes" y de "dialectos orientales" (60 + 60 horas), mientras que los segundos son asignaturas optativas. Parecida sería la situación en la Universidad de Alicante, aunque su grado en Estudios Árabes e Islámicos sólo ofrece un primer y único nivel, ambos obligatorios, de cada (120 horas lectivas en total). Se da así la circunstancia de que los alumnos adquieren un mismo nivel (probablemente un A1-, para ser realistas) en dos dialectos diferentes, al tiempo que alcanzan, es de suponer, un B1 general. En la UCA, incluso, es posible "superar este nivel, entrando en el avanzado B2", con tan sólo 60 horas lectivas de árabe marroquí, que suman 780 junto a otras asignaturas de lengua (las mismas que en la US y 180 menos que en la UGR). Si nos trasladamos fuera de Andalucía, el grado equivalente de la Universidad de Salamanca (USAL) tiene también como objetivo la "capacidad para comunicarse en árabe, tanto oralmente como por escrito", pero de las 540 horas lectivas que sus planes de estudio dedican a la lengua, sólo 45 corresponden a una asignatura optativa de árabe marroquí, aunque existe otra, de idéntica duración, de "Dialectología árabe". Por su parte, los graduados en la especialidad de árabe del título Estudios de Asia y África de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) podrán "utilizar la lengua árabe [...] en un nivel de comprensión y expresión situado entre un usuario básico y un usuario independiente", es decir, entre un A1 y un B2, "dependiendo", significativamente, "de si se trata de competencias orales o escritas". Como en la USAL, existe una asignatura general de "Introducción a los dialectos árabes" y otra de "Dialecto marroquí", aunque también en otras, a juzgar por sus guías docentes, se abordan contenidos dialectales. La segunda de las asignaturas mencionadas se imparte en 60 horas lectivas (15 más que en la USAL) y permite alcanzar un nivel A1.1, el máximo, previsiblemente, que se obtiene en árabe dialectal en el grado, mientras que superar la más avanzada de la materia "Primera lengua (Árabe)" implica completar un B2, y quizá de ahí esa referencia inicial a una competencia a caballo entre ambos, que nos devuelve a la cuestión de fondo: siguiendo las directrices del MCER y de estándares similares, ¿se pueden, en efecto, como pretende Ivan Lowe, acreditar competencias separadas en árabe normativo y dialectal? ¿es coherente, volviendo al caso de la UAM, certificar un nivel B2 de árabe (a secas o básicamente clásico) cuando el máximo que se posee de un dialecto es un A1.1?

Sin negar rotundamente la posibilidad, yo diría que existen, ante todo, restricciones lógicas en el orden y nivel, ya que, si por un lado es evidente que ni el árabe normativo ni el dialectal pueden garantizar cada uno por sí solo el desarrollo de las capacidades descritas en el MCER, por otro lo es también que la presencia del primero, al contrario que la del segundo, no puede ser la misma en los niveles básicos y en los avanzados, al menos desde una perspectiva sociolingüística. Interpretar, por poner un ejemplo diáfano, que un usuario independiente B2 "puede relacionarse" en árabe normativo "con hablantes nativos con un grado suficiente de fluidez y naturalidad de modo que la comunicación se realice sin esfuerzo por parte de ninguno de los interlocutores", como establece el Marco, es tanto como negar ese nivel a una inmensa mayoría de árabes cultos que, sin embargo, sí son capaces de "entender las ideas principales de textos complejos", escritos en árabe normativo, "que traten de temas tanto concretos como abstractos, incluso si son de carácter técnico siempre que estén dentro de su campo de especialización".

Resulta innegable, para ir concluyendo, que el árabe dialectal es hoy un componente imprescindible en cualquier grado de Estudios Árabes e Islámicos que se precie, como ha de serlo también en el de Traducción e Interpretación de la UGR, una de cuyas competencias a adquirir es "conocer la lengua B (primera lengua extranjera), escrita y oral, en niveles profesionales"; pero no es menos innegable, a mi juicio, que ese componente tiene aún mucho de postizo, como lo tiene, de hecho, la propia adopción del MCER, inconsecuente en general pero no carente de provecho, en el sentido de que ayuda a poner límite a la fantasía que de algún modo ha imperado hasta ahora, y en muchos sentidos sigue haciéndolo, en materia de niveles de competencia. Así parece razonable pensar, p. ej., que algo se está haciendo mal (o increíblemente bien, sea en sentido figurado o literal) cuando dos planes de estudio prevén contenidos y plazos muy distintos para alcanzar un mismo nivel, o cuando dicen garantizar niveles distintos con plazos y contenidos similares; y otro tanto, p. ej., cuando para una plaza de profesor se selecciona a un candidato cuya máxima acreditación es un B1 incompleto.

Ojalá, en fin, que esta preocupación por el nivel de entrada de los alumnos se prolongue en una revisión del título en cuestión y que el ejemplo, ya hablando en general, cunda y se extienda a los de salida, así como el que se le supone a los candidatos a la docencia.

2 comentarios :

Gaurwraith dijo...

Interesante análisis. Como antiguo estudiante de la licenciatura de traducción de árabe en la UGR, sufrí en cierto modo la falta de preparación. Mi conocimiento previo de árabe cuando me matriculé en esta carrera, era de dos semanas estudiando el libro "Mastering Arabic Grammar". El profesor de lengua árabe B1 recomendaba a los alumnos incautos en mi misma situación darnos de baja y matricularnos en la carrera de filología. Supongo que me hubiera matriculado en un curso como el que proponen ahora, es un paso lógico (sobre todo teniendo en cuenta que las universidades necesitan dinero). En mi caso, el curso así lo hice en el Instituto Bourguiba. Recuerdo que un compañero de clase pasó su estancia en Túnez hablando "árabe estándar" (entendiendo por árabe estándar el que hablan los personajes de los dibujos animados en la cadena mbc3) en cafeterías, taxis, partidos de baloncesto, al casero, al frutero, a la cajera del monoprix, etc, etc. Resulta que mucha gente lo habla, o al menos lo entiende, mucha gente ve los dibujos animados de mbc3, y las noticias de Al Jazeera y demás, y pasados los primeros 5 minutos de jeji jaja"¿donde te has dejado la espada?" los taxistas empezaban a hablar "árabe estándar", sobre todo cuando veían que el tío estaba manteniendo una conversación muy correctamente y creo que era un poco por orgullo, que la gente acababa hablando "árabe estándar" para demostrar que ellos también sabían. Lo que quiero decir es que, bueno, desenvolverse mediante"árabe estándar" en Marruecos, Yemen o Egipto, tampoco es tan descabellado. Seguramente sería mucho más fácil en francés o inglés o castellano, eso sí. Porque esa es otra, a ver qué oportunidades tiene un extranjero de aprender a hablar un dialecto. Pocos tienen la paciencia suficiente para tratar de entenderte en dialecto cuando pueden hablarte en español, francés o inglés. Si uno va a encabezonarse en hablar árabe marroquí, igual puede encabezonarse en hablar árabe estándar. Y cuando este uno viaje a Egipto, ¿hablará marroquí o hablará árabe estándar? ¿O una mezcla de ambos? Por otro lado, lo de establecer unas horas mínimas o medias para aprender una lengua no va a hacer que automáticamente un alumno consiga nivel B1 al cabo de X horas, ni hace imposible que otro alumno realmente tenga un B1 a las X horas / 2.

Creo que lo que dice este hombre en este artículo: http://www.fluentin3months.com/hours-not-years/, dejando de lado si es posible o no ser "fluent in 3 months", es algo a tener en cuenta.


Saludos,

Abu Ilyás dijo...

Gracias por el comentario, Gaur, sin duda ilustrativo.

Yo a quien desee conocer la situación y la función del llamado árabe estándar (o normativo, como digo yo) en Túnez, y en general en el Norte de África, le recomendaría el reciente trabajo de Lotfi Sayahi, Diglossia and Language Contact. Language Variation and Change in North Africa (Cambridge, 2014). A través de sus páginas se comprenderá que en Túnez, en efecto, hay gente capaz de hablar en árabe normativo, pero pocas situaciones cotidianas en las que se haga espontáneamente, salvo que uno se tope con un extranjero encabezonado (yo, en tres años en Túnez y durante 25 estudiando árabe, he conocido a algunos y he procurado siempre no serlo): "Opportunities for improvised oral communication in MSA are nevertheless limited, unless they are part of classroom discourse or pseudo-natural public communication. No average Arabic speaker has used MSA to talk about his daily routine unless it was part of an educational exercise, in a written form, or in the rare occasions of communication with foreign learners" (p. 60-1). Esto, que vale para el Magreb, vale igualmente para el resto de los países árabes.

Sobre la función del encabezonamiento en el aprendizaje de lenguas extranjeras, poco se puede decir, salvo que a primera vista no parece muy buena estrategia de cara a facilitar la comunicación. Tampoco merece mucha reflexión, opino yo, esa presunta falta de paciencia de los nativos como obstáculo para el aprendizaje, que, si lo he entendido bien, sólo atañe a los árabes, no a franceses, ingleses, etc., y además sólo en caso de que se trate de hablar su dialecto (porque ante un extranjero empeñado en hablar árabe estándar, el orgullo, al parecer, prima sobre la falta de paciencia).

Preguntas, Gaur, "qué oportunidades tiene un extranjero de aprender a hablar un dialecto", y la respuesta es evidente: las mismas que de aprender a hablar árabe normativo, o más si cabe, siempre que la enseñanza se planifique, como propongo en esta entrada, con ese objetivo. Lo que es absurdo es pretender, como se ha hecho durante mucho tiempo para justificar su marginación o exclusión de los planes de estudio, que el árabe dialectal se aprende única y exclusivamente sobre el terreno y casi que por simple exposición a él.

Siguiendo con tus preguntas, cuando uno viaje a Egipto se comportará, siempre en la medida de su competencia, como lo haría un hablante del dialecto que haya estudiado. Hablantes de dialectos diferentes, en situaciones cotidianas, suelen negociar el código empleado, recurriendo a rasgos que juzgan compartidos y descartando los que consideran excesivamente locales, pero raramente optando por una lengua puramente normativa.

En cuanto al uso de horas para determinar el nivel de competencia alcanzable, se trata, obviamente, de un cálculo estadístico: si la media exhibe un nivel B1 en X horas, el alumno que exhiba un B1- suspenderá y el que exhiba un B1+ obtendrá una buena nota. El artículo que mencionas, de hecho, aboga por el uso de la hora como unidad de medida. Tres meses son 720 horas, tiempo de sobra para alcanzar un C1 de español, p. ej., según el Instituto Cervantes.

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